Un levantamiento de las sanciones contra Caracas provocaría un efecto dominó no sólo en la aletargada disputa entre chavismo y oposición, sino también en la política estadounidense.

La invasión rusa de Ucrania provocó algo impensado hace tres años atrás, cuando el gobierno del entonces presidente Donald Trump reconoció al antichavista Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela: un acercamiento entre Washington y el régimen de Nicolás Maduro, motivado por el interés de Estados Unidos de control el impacto que tendrá en su economía el embargo petrolero contra Rusia.

El pasado fin de semana se produjo el contacto de más alto nivel del que se tiene constancia entre los dos gobiernos. Una delegación de la administración de Joe Biden viajó a Venezuela con el objetivo declarado por la Casa Blanca de lograr la excarcelación de ciudadanos estadounidenses y, “por supuesto”, tratar temas de seguridad energética.

Estados Unidos, que sólo depende en un 3% del petróleo ruso, se comprometió a aumentar la producción nacional de crudo, pero sabedor de que es insuficiente para compensar el bloqueo a Rusia, mira también hacia Venezuela, que tiene las mayores reservas de todo el mundo.

No obstante, la producción venezolana está exigua precisamente por las sanciones impuestas por Washington para forzar la salida de Maduro del poder.

En dos décadas, la producción diaria de crudo en Venezuela pasó de tres millones de barriles a apenas 800.000, por lo que el margen para aumentarla se hace más que evidente. Para ello, la industria venezolana necesita que se levanten al menos parte de las sanciones y que pueda vender el producto en el mercado global.

Por ahora, ninguna de las partes se ha pronunciado sobre esta opción, que sí estaría sobre la mesa a tenor de las informaciones publicadas por varios medios estadounidenses. Quedaría por ver cuándo, cómo y sobre todo bajo qué justificación política se enmarca este giro de 180 grados en la línea de Washington, destacó Europa Press.

La oposición antichavista no tardó en reaccionar a lo que sería perder la mayor herramienta que ha tenido hasta el momento para tratar de poner fin al gobierno de Maduro. De confirmarse los rumores, su posición quedaría totalmente debilitada no solo en el plano internacional, sino también en el local donde ya las tensiones internas han hundido la popularidad de Guaidó y otros referentes.

El equipo de Guaidó rompió este miércoles el silencio que venía manteniendo e instó a Estados Unidos a que “todo levantamiento de sanciones esté condicionado a avances reales hacia la transición a la democracia y la libertad de Venezuela”.

“El levantamiento de cualquier medida de presión, si no está orientado a la democratización, solo fortalecería al autoritarismo que hoy amenaza al mundo”, señaló en un comunicado.

De lo contrario, “se estaría financiando y fortaleciendo a una dictadura acusada de crímenes de lesa humanidad”.

“Venezuela necesita un acuerdo urgente que permita lograr soluciones a la crisis y volver a ser un país que impacte positivamente a la región y al mundo”, insistió la oposición venezolana.

La decisión de levantar las sanciones petroleras contra Venezuela también encontrará una fuerte resistencia en el Congreso de Estados Unidos y podría ser un dolor de cabeza para Biden en un año electoral donde el oficialismo podría perder el control del legislativo.

La secretaria de Estado adjunta para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, ya tuvo que defender ante el Comité de Exteriores del Senado que no hay ningún cambio en la política mantenida durante estos años frente a Maduro.

“No hay ningún cambio en nuestra estrategia”, dijo en respuesta a las preguntas del senador Marco Rubio, una de las voces más beligerantes contra Maduro en el Congreso estadounidense. La funcionaria también dejó a un lado el tema energético para enfatizar la necesidad de trabajar en favor de la liberación de los estadounidenses presos y de la reanudación de las conversaciones entre el chavismo y la oposición.

Maduro y su entorno han evitado sacar rédito político del último acercamiento, aunque sus aliados sí lo han hecho. El expresidente de Bolivia Evo Morales aseguró que Biden “busca” ahora a Maduro “para evitar la catástrofe energética y económica provocada por su intervencionismo junto a la OTAN en Europa”.

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