Johnatan Parra es un joven chef y empresario que desde pequeño visualizó qué quería hacer cuando fuese adulto. El comer, el pasarlo bien, la buena mesa, los viajes, la constancia y la independencia son los ingredientes con los cuales “Johnny” ha cocinado su figura de emprendedor gastronómico.

Con tal solo 32 años y ad-portas de cumplir los 34, Johnatan Parra se siente cómodo, seguro y orgulloso del camino que ha recorrido. A pesar de su juventud, el oriundo de San Antonio tiene el orgullo de decir que ha cumplido cada una de las metas que se propuso desde niño.

Ligado a una familia vinculada al trabajo en el mar, vivió su infancia entre ollas y sartenes viendo como su abuela preparaba las diferentes pescas del día. Fue así como en séptimo básico decidió a que quería dedicarse para el resto de su vida.

Herencias

“De mi abuela heredé ese afán de cocinar con amor. Mi abuelo fue pescador y mi papa capitán de barco. Siempre he estado ligado al mar. Aprendí desde muy pequeño a cocinar diversos pescados y sus diferencias en su preparación. Ahí fue aumentando mi interés por la cocina. Mi padrino, tenía buena vida y era empresario, viajaba harto y siempre me decía que en los barcos mandaban el capitán y el chef. Desde ahí, me dieron ganas de ser chef”, rememora Johnatan Parra.

A pesar de que su desempeño escolar no era el mejor, tenía decidido su futuro mientras sus compañeros de aula soñaban con estudiar medicina y derecho. “Mis padres nunca me dijeron que no lo hiciera, solo que fuese el mejor. Me las arreglé solo para averiguar cómo entrar a estudiar lo que quería. Me trasladé a Santiago y terminé siendo el tercero mejor de mi generación”, cuenta.

De gerente a emprendedor

Durante diez años, Johnatan fue gerente de una cadena de restaurantes, sin embargo, una corazonada le hizo dejar la comodidad y la tranquilidad de recibir un sueldo mensual. “Renuncié sin ni un peso. Junto a unos amigos nos asociamos y cada uno puso sus ahorros en un proyecto que teníamos ganas hace mucho tiempo. Pensé que si estaba sobreviviendo a la pandemia ahora podría sobrevivir solo”, revela sobre el momento en que tomó la decisión de independizarse laboralmente.

Fue así como junto a sus socios se decidieron a abrir el primer local de @baryvuelvo, en el Barrio Italia. Y el objetivo del local era claro: mostrar la gastronomía nacional y la coctelería de una forma novedosa y cercana en términos de calidad como de precios. Sin embargo, tuvieron que lidiar con la pandemia cuando las restricciones eran parte de nuestra cotidianidad.

“Justo nos tocó abrir de lunes a viernes. La siguiente semana, nos tocó de lunes a domingo con cambios de fase y con toques de queda a las 12 de la noche. Después, los toques fueron a las diez de la noche. Lo más crítico fue cuando nos tocaba de lunes a viernes con cierre a las 19 horas, porque había toque de queda a las 20 horas. Menos mal teníamos un canal de delivery. En ese momento, solo podíamos pagar con suerte el arriendo con las ganancias”, recuerda con un dejo de angustia, pero también de satisfacción.

Cuatro para todo

-Les tocó un período complicado para partir, ¿cómo lo ves hoy?

– Siempre fuimos conscientes de que teníamos que lidiar con esa situación. Siempre fuimos responsables en ese sentido, no arriesgarnos para nada. Somos cuatro socios y nos repartimos las pegas: yo cocinaba, mi socia en la barra, otro de garzón y otro en la caja. Nos pusimos a prueba realmente, pero valió la pena totalmente.

– ¿En qué momento te percataste que Bar y Vuelvo iba por el buen camino?

– Un día me asomé y había mucha fila de gente esperando ser atendida. Unos días antes, me habían regalado una botella de espumante para celebrar la primera vez que vendiéramos un millón de pesos y la terminamos abriendo ese mismo día que vimos la fila.

– ¿Y qué sintieron al ganar ese primer millón?

– Nos impresionó, porque nuestro proyecto era austero y nuestro objetivo era que fuese un espacio para pasarlo bien entre amigos. Nos vimos en una semana contratando un equipo de personas que ya es un equipo de trabajo de 70 personas. Se generó mucha expectativa en los clientes. Yo era gerente general de una empresa y estábamos empezando de cero. Fue impresionante.

Cosa de edad

– ¿Qué ha sido lo más difícil de emprender?

– Confiar y delegar es lo más complicado. Cuando uno emprende, uno le pasa algo propio a otras personas. Uno pasa un ahorro y capital. Hay que confiar en la gente que lo puede hacer mejor que uno.

 ¿Te has sentido discriminada por la edad?

-Mucha gente al verme no creían que yo era el dueño y se sorprendían por mi edad. Muchas veces me vi teniendo que justificar mi éxito para lograr aquello. Hay que silenciar las voces del exterior y darles volumen a las voces internas.

El éxito de Bar y Vuelvo se caracteriza en una fotografía que se sostiene en una de las paredes desde que abrió: las filas de comensales que esperan pacientemente entrar. Ante esta situación, Johnny y sus socios decidieron abrir otro local, unos pasos más allá del original lo que les ha permitido ir agrandado la marca y llegar a nuevos clientes que llegan a Bar y Vuelvo recomendados por amigos y seducidos por las redes sociales.

– ¿Por qué crees que hay tanto interés en ir a tu local?

-Creo que, en redes sociales, se ve que tenemos muchos detalles y que entregamos experiencia. En nuestra carta se refleja nuestra historia. Bar y Vuelvo es un juego de palabras que puede significar nada o mucho. Eso lo hace interesante. A tu mesa llega un trago que brilla, una michelada de un color inusual o una tabla de un metro. Eso lo ve la gente y les genera curiosidad. Generamos nostalgia, es un viaje a lo que fuimos felices.

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